“Cambio climático, riesgo laboral” es la campaña de USO para el 28 de abril, Día Internacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo

El cambio climático es ya un riesgo laboral y, por ello, centra este año la campaña de USO con motivo del Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo. En este sentido, reivindicamos espacios de trabajo seguros ante los fenómenos meteorológicos adversos cada vez más frecuentes y el cambio climático.

En los últimos años estamos asistiendo a un cambio en los patrones climatológicos que, más allá de veranos más largos o inviernos más cálidos, afecta directamente sobre el entorno y las condiciones de trabajo. La DANA de Valencia, los incendios del 2025 o la borrasca Filomena nos han demostrado que las condiciones ambientales también afectan directamente a la seguridad y la salud en el trabajo.

Por ello, desde USO consideramos imprescindible poner en el foco datos, estadísticas, estudios y análisis que, ante el próximo Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, evidencian esta nueva realidad laboral. Mientras las empresas mantienen una actitud reactiva y las instituciones avanzan con marcos normativos en fase de desarrollo, la siniestralidad vinculada al clima exige una intervención inmediata.

Aumento de la mortalidad por episodios de riesgo extremo

Las estadísticas de 2025 consolidan un escenario en el que los episodios de riesgo extremo crecieron un 73%. Solo en los episodios de olas de calor veraniegos, cada vez más extensos, este incremento se relaciona directamente con un aumento de la mortalidad del 87,6%. El análisis de la siniestralidad revela que el estrés térmico dispara los accidentes un 17,4%, no solo por exposición directa al calor y sus consecuencias, sino por la degradación de las funciones cognitivas que provoca errores críticos, caídas y atrapamientos.

Aunque el marco legal actual suele ignorar estas dolencias, el artículo 156 de la Ley General de la Seguridad Social (LGSS) exige que se reconozcan como accidentes de trabajo. Para ello, es fundamental dotar de herramientas a empresas e instituciones públicas para el estudio y el análisis de cualquier daño a la salud derivado del impacto climatológico y acabar con el infrarreconocimiento de accidentes y enfermedades cuyo origen laboral es derivado a una sanidad pública cada vez más saturada. Las Mutuas deben asumir su responsabilidad y garantizar que la salud esté por encima de la productividad y los intereses económicos.

Herramientas para salvaguardar la integridad de las personas trabajadoras frente al cambio climático

Más allá de datos y estadísticas, la campaña de este 28 de abril profundiza y detalla las herramientas que tiene la RLPT para salvaguardar la integridad de las personas trabajadores en el desempeño de sus funciones. Entre las herramientas que dispone la RLPT encontramos el permiso climático retribuido (RD-ley 8/2024) o la paralización de la actividad (art. 21 LPRL).

Pero también tiene la obligación de llevar a la negociación colectiva y a los Comités de Seguridad y Salud la exigencia del desarrollo de procedimientos y protocolos que permitan la protección eficaz de las personas trabajadoras ante los eventos meteorológicos adversos, así como el desarrollo de Planes de Movilidad Sostenible al Trabajo.

Por otro lado, la campaña “Cambio climático, riesgo laboral” también se centra en trasladar las alegaciones que USO ha planteado ante la próxima y esperada reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. El nuevo texto vendrá a sustituir una norma que ya cumple 30 años y ha quedado obsoleta.

Las alegaciones de USO en materia climática de cara a la reforma de la LPRL son:

  1. Prohibición expresa de trabajos al aire libre en alertas meteorológicas graves;
  2. Refuerzo del derecho de interrupción de la actividad;
  3. Creación de la figura del delegado medioambiental.

Reorganización de los sectores productivos

La crisis climática actúa como un potenciador de desigualdad económica y afecta de distinta manera a todos los sectores productivos según la naturaleza de su actividad. Así, en los trabajos expuestos a la intemperie, como la agricultura y la construcción, el estrés térmico proyecta una pérdida del 60% de las horas efectivas para 2030, derivando en patologías renales y cardiovasculares que deben ser reconocidas como accidentes de trabajo.

Por su parte, en el sector servicios y logística, la volatilidad meteorológica incrementa los accidentes in itinere y la fatiga cognitiva, factores que, sumados a la falta de climatización preventiva en cabinas o centros de trabajo, comprometen la integridad física bajo condiciones de insolación o calima extrema.

La respuesta ante estos riesgos exige la modernización de la gestión de la prevención en las empresas, evolucionando hacia un modelo dinámico, integral y proactivo, que se anticipe al riesgo y no improvise ante cualquier alerta climatológica.

La seguridad laboral ya no puede desligarse de la realidad ambiental. La adopción de la variable climática en las evaluaciones de riesgos y las medidas preventivas derivadas de éstas deben ser integrales y estructurales en la estrategia de toda empresa y de este modo evitar que la productividad se sostenga sobre la salud y la seguridad de las personas trabajadoras. Porque el cambio climático es, hoy en día, un riesgo laboral.